[Crónicas de Conciertos] Albert Pla & Diego Cortés en Sala Babylon, Cuenca (23/10/14)

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Las nueve y media de la noche del 23 de octubre a las puertas de la Sala Babylon. Nos encontramos a un Albert Pla que dedica sonrisas a la gente, que ya está esperando para entrar a la sala. Parece un manojo de nervios, como si fuera la primera vez que se subía a un escenario, pronto descubriríamos que esos nervios suyos son algo que mejoran aún más, si cabe, su actuación. No hay un gran número de personas esperando, pensábamos por tanto que no sería un concierto de gran afluencia.

Las diez, Albert ya ha entrado en la sala, escabulléndose hacia el camerino, los primeros asistentes entramos, sigue sin ser demasiado público. Media hora después, con una sala ya expectante y abarrotada (no en vano se habían agotado todas las entradas disponibles), aparece el catalán de la nada. Ataviado con su desaliñada túnica, micro de diadema y guitarra colgando, saluda con engañosa timidez y nerviosismo al público. Comienza con una de sus historias, ya que más que con el inicio de un concierto, nos encontrábamos ante el inicio de una historia, una historia narrada gracias a sus melodías, a su voz y a su peculiar y desternillante humor. Así daba comienzo una de las mejores actuaciones que hoy en día podemos disfrutar en el panorama musical español.

El punto de partida, Todo es mentira, tras una historia de verdades y mentiras llena de humor que abre la primera ronda de carcajadas entre el público allí presente arranca esta primera canción, Albert Pla, su micro, su guitarra y nadie más en escena.

Aplausos y más aplausos, otra historia, muchas carcajadas y el catalán comienza a silbar, ahora toca Corazón, el público encantado silba acompañando el tema del disco La Diferencia.

Entra en escena el guitarrista Diego Cortés, sigue el concierto ahora acompañado de este maestro de las seis cuerdas. Jugando con las luces, con los colores y con el ambiente que allí se respiraba, comienza a sonar La Diferencia, canción homónima de su disco del año 2008. Continúan las risas y los aplausos, tan abundantes como las personas que poco a poco se han congregado en la Sala Babylon, que expectantes e hipnotizados por las historietas de Pla se habían olvidado incluso de bailar, centrados únicamente en disfrutar de lo que tenían delante de sus ojos y por supuesto, de sus oídos.

Llega el momento del maestro flamenco. Albert Pla abandona el escenario para dejar solo en su silla a Diego Cortés, quien se marca un solo con la guitarra que nos saca del ensimismamiento en el que nos encontrábamos a todos los allí presentes. Cortés acaba levantado, tocando, punteando algo que nos recuerda a Paco de Lucía y Como el Agua, el público se levanta también, silba y aplaude conmovido por la pericia del barcelonés.

El guitarrista vuelve a su silla, sube Albert Pla y otra vez aplausos y carcajadas, porque esta vez el genio catalán aparece cigarro en mano, lo cual no podía significar otra cosa que un viaje hasta los mismísimos Estados Unidos con La Colilla, y fumando y fumando nos contó la historia de esa colilla que incendia la mitad del país americano.

Otra vez entre aplausos y más aplausos, y entre risas y más risas, se vuelve a marchar el catalán y aparece con unas lucecitas de minero en torno a su cabeza. La sala se queda sin luz, la única iluminación es la de Albert en toda esa Oscuridad, y es que ha llegado el momento de Ciego (La Diferencia, 2008). Observa Pla observa que los del fondo no pueden ver la escena, así que decide darse un paseo por toda la sala, bailando y cantando junto a todo el público.

Y así íbamos llegando al final del espectáculo. Se desata la locura cuando escuchamos los primeros acordes de Insolación o Veintegenarios, como prefiráis. El público encantado cantando al mismo tiempo que Albert Pla observamos como el concierto llegaba a su falso fin. Falso fin porque aún quedaba el bis, un bis muy curioso, ya que Pla decidió que no le apetecía ir otra vez hasta el camerino para luego volver, así que nos invitó a que hiciéramos un ejercicio de imaginación y que hiciéramos como que se había marchado y había vuelto.

Llegamos por tanto al verdadero final del espectáculo con una versión que da la vuelta al Walk on wild side de Lou Reed, el Lado más bestia de la vida despide a Albert Pla y a Diego Cortés de la Sala Babylon tras una ovación que continuaría minutos después de la desaparición del dúo.

Un Albert Pla que llenó la noche del jueves conquense de humor, de alegría, de vuelta a la niñez. Porque Pla parece no querer crecer, y así en sus shows lo demuestra. Fantástico, enorme, se comió el escenario y a todos y cada uno de los que allí nos encontrábamos, que quedamos absorbidos por sus canciones y sus historias.

Texto: Isabel Molina Rivas

Fotografías: María D. Fernández Corral

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